05 feb 2025
Trump amenaza con la guerra arancelaria a la globalización
La Casa Blanca impuso las primeras subidas de tarifas a las importaciones de Canadá, México y China, y alertó que prepara barreras substanciales contra Europa
Diego Herranz - Colaborador de Asesores de Pymes externo a Cesce
El presidente estadounidense lanzó formalmente la primera de sus escaladas arancelarias. Lo hizo el primer día de febrero y señaló en primera instancia a sus tres mayores importadores -China, su gran rival en el orden económico internacional, y sus dos aliados del USMCA, México y Canadá-, que acaparan casi la mitad de las compras del exterior del primer mercado mundial.
“Tarifa es la palabra más hermosa del diccionario”, llegó a decir en campaña electoral. En los 15 primeros días de andadura de su segundo mandato, cumplió su amenaza, que no solo se dirigirá a este primer tridente de países, sino que ampliará a las mercancías y servicios procedentes de la UE. “Absolutamente, y serán substanciales”, avanzó sobre si extenderá su proteccionismo en el orden comercial a sus aliados del otro lado del Atlántico. Además, anticipó gravámenes sobre determinados sectores. El Departamento del Tesoro fue el encargado de señalar a varios de ellos como el acero, el aluminio, el cobre, los semiconductores y los productos farmacéuticos y sus componentes biomédicos.
Adicionalmente, la Casa Blanca sopesa imponer una tarifa global con la que pretende recaudar más de un billón de dólares al año.
Sin embargo, la agresiva política comercial de la versión Trump 2.0 no solo afectará al proceso de globalización, tal y como se ha entendido en el último medio siglo, sino a la economía mundial y, por supuesto, a la propia coyuntura estadounidense y a los mercados de capital. A los expertos les preocupa las secuelas que este cambio de rumbo en la tradicional defensa estadounidense del libre comercio ocasione sobre una espiral inflacionistas que empezaba a emitir las primeras señales de contención, después de un largo bienio, 2023-24, con una escalada de precios de una virulencia desconocida en cuatro décadas que, además, propició el mayor encarecimiento del dinero desde el inicio del milenio por parte de la Reserva Federal.
Y a los estadounidenses, por ende, también. Porque está por comprobar que su propensión al gasto asuma un hipotético incremento del precio final de sus adquisiciones. De igual modo, será ineludible que sus aliados sometidos a estas barreras contra sus sectores exteriores, que podrían exigir coberturas de seguros de crédito a la exportación con las que atender las perturbaciones de los negocios internacionales, puedan tomar soluciones conjuntas para amortiguar sus daños directos y colaterales.
Para Trump, los aranceles son una filosofía económica. En ocasiones -y no pocas- ha admitido añorar que hace un siglo las arcas estadounidenses se nutrían de aranceles en vez de impuestos. También para justificar su otra medida estrella, la rebaja tributaria sobre la Renta de los ciudadanos y sobre la fiscalidad del Impuesto de Sociedades al que contribuyen las empresas. Sería su segunda reducción de la presión fiscal. En 2017 ya aprobó otra con gran carga de profundidad.
En el ideario republicano se defiende esta doble vía en la agenda política estadounidense recién inaugurada por motivos de seguridad económica y de protección a la industria del país. La mejor fórmula de recuperar el esplendor perdido en las fábricas americanas -afirma Trump- es a través del “levantamiento de muros arancelarios”. A su juicio “las tarifas nos harán más ricos y fuertes”.
A pesar de que la Oficina de Presupuesto del Congreso haya calculado los costes de ampliar los recortes de impuestos de 2017 -la primera de las prioridades legislativas de Trump- en algo más de 4,6 billones de dólares durante los próximos diez años. Mientras que el arancel del 25% sobre las importaciones anuales canadienses y mexicanas, valoradas en más de 900.000 millones de dólares, recaudaría unos 225.000 millones de dólares anuales; es decir, 2,3 billones durante el próximo decenio. Eso sí, en caso de que los aranceles no tuvieran impacto alguno sobre los flujos comerciales, probabilidad que descarta de plano el consenso del mercado.
Por si fuera poco, desde el equipo económico de Trump dejan entrever que los aranceles subirán también en el negocio energético, sobre las compras de petróleo y gas, cuyo sector el presidente americano ha prometido impulsar, al igual que sobre otras materias primas metálicas y sobre el sensible y neurálgico circuito comercial de los minerales raros, esenciales para el desarrollo de los avances tecnológicos y la transición energética, que el nuevo inquilino del Despacho Oval ya ha manifestado que paralizará para potenciar los combustibles fósiles.
De momento, las tarifas fijadas para sus socios en la unión aduanera norteamericana fueron del 25%, aunque por ahora se hayan paralizado durante un mes para negociar. Para China, en cambio, se situará en el 10%. Aunque pueden sufrir alteraciones en las próximas semanas, según admitieron el propio Trump y el Tesoro.
El petróleo respondió de inmediato con incrementos de cotización. Al igual que los contratos de futuro del cobre y otros minerales metálicos. En medio de la primera señal de volatilidad de los mercados por la irrupción en escena de DeepSeek, el rival chino de alta tecnología de Chat GPT, que ha puesto en tensión la carrera digital entre las dos superpotencias, y que llevó la cotización de Nvidia a un retroceso de 600.000 millones de dólares en un día. La multinacional de chips de gama premium, para evolucionar la Inteligencia Artificial (IA), perdió por segunda vez en menos de un año el cetro de mayor compañía mundial por capitalización bursátil que adquirió al inicio de 2024, por delante de Microsoft y Apple.
De ahí que los observadores se inclinen por anticipar que las amenazas arancelarias se podrían expandir aún más. A partir de la orden dada por Trump a sus cargos económicos y comerciales de presentar antes del 1 de abril un estudio pormenorizado sobre las cuestiones arancelarias, generales y sectoriales, que podrían activar nuevos gravámenes. E, incluso -alertan- al abandono del USMCA que él mismo auspició en su primer mandato para enterrar el Nafta. Del mismo modo ha encargado investigar si China cumplió con el pacto alcanzado durante su primera legislatura con objeto de decidir el porcentaje tarifario que impondrá a la segunda economía del mundo.
“Los lazos entre China y EEUU son mutuamente beneficiosos”, resaltó Liu Pengyu, portavoz de la embajada de China en Washington, que insistió en que una guerra arancelaria “no beneficia a nadie”. Pero Trump tendrá la última palabra.
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